El Grupo ECO RADIO, una gran familia!

El Grupo ECO RADIO, una gran familia!
Un sueño hecho realidad!!

domingo, 17 de marzo de 2013

Expedición al Faro Punta Mogotes ARG 005



Faro Punta Mogotes, mucho más que una experiencia!!

       No me hagas  perder el tiempo, si no van a venir no les hago ninguna invitación. Ya estoy cansado de hacer papelitos y que nadie responda o se comprometa. Tajante y frontal, así es el David LU2DC.
         Así comenzó esta nueva experiencia en un faro del litoral argentino. En éste caso el Punta Mogotes ARG 005 de la ciudad de Mar del Plata. Corría por entonces los finales de noviembre de 2012 y se aproximaba el Fin de Semana Sudamericano de los Faros, en el que ya habíamos hecho de las nuestras.
         David, hablaba en nombre del LU2DT Radio Club Mar del Plata y volvía a insistir en nuestra participación junto a ellos en la activación de éste faro. Ésta invitación, ya la había realizado un par de veces en los años anteriores y esperaba que alguna vez, el equipo de ECO RADIO, fuera de la partida. Pero ponía sus condiciones; no invitaría por escrito ni oficialmente al grupo, si antes no nos comprometíamos verbalmente a participar.
         Estábamos platicando por el sistema Skype, y me encontraba solo. No podía tomar las resoluciones por todo el grupo, aunque lo quería hacer sin dudas. Solo atiné a decirle… mira yo me comprometo a participar más allá de que se sumen o no. Yo voy aunque sea en ómnibus así que a mí, contame para el evento.
         No habían pasado aún veinticuatro horas, y ya tenía cursado el aviso a la CD del grupo, quién en breve se puso a trabajar en el tema. No teníamos mucho tiempo de hándicap, porque según las nuevas resoluciones el 24 de diciembre se tenía que confirmar y hacer fuerte la participación en dicho evento.
         La CD resolvió que ante lo inminente del trámite, sería vano hacer la convocatoria a todo el equipo, dado que lamentablemente éste tiene por costumbre atrasar bastante el trámite de responder a los e-mailes. Y eso en una invitación  cursada, no se puede hacer. Pronto decidimos entre nos quienes iríamos y así se le hizo saber al LU2DT. Luego de ello llegó la invitación oficial.
         Pasamos con los amigos gran parte de las reuniones hablando del tema, porque se había tomado el compromiso y ahora no había tu tía. Como decimos en Cba. Estábamos hasta las manos.
         David pronto nos hizo saber que cosas debíamos llevar porque el RC aportaba todo. Eso, sin dudas, hacía mucho más fácil el viaje. Dejar en casa mucho del equipo significaba tener más espacio en el auto y comodidad para el viaje.
         Diciembre y enero fueron algo especiales para todos los del equipo, porque las vacaciones y las obligaciones, se conjugaron con enfermedades, viajes y accidentes. Roberto, quién había propuesto el uso de su auto para viajar, fue colisionado por detrás por un borracho y perdió para siempre el hermoso R 12. Beto, saldría de viaje a la Patagonia y si todo quedaba bien, pondría su auto. Yo, que además de estar sin trabajo y medio loco, como de costumbre, me pesqué una hermosa y dura Neumonía, que me mantuvo en cama más de 15 días. Las cosas se complicaban, pero… no nos íbamos a quedar en casa, ya habíamos dado la palabra.
         Así entre escarceos y problemas entramos en febrero y pronto nos aproximamos a la fecha de partida. La neumonía había cedido un poco y Beto confirmaba el uso de su auto, sin dramas. Como pude entre descansos y dolores musculares fu poniendo a punto lo que me tocaba aportar a la expedición. Roberto y Beto hicieron lo propio por su lado. Yo me había ensañado con llevar una antena que allá por octubre incorporé a mi patrimonio, así se lo hice saber a David, quién se puso contento y contaba con ella. Para eso, dicho sea de paso, debimos investigar mucho en la web, porque iniciamos las cosas con que era una Palombo y terminamos dándonos cuenta (estaba bastante desvencijada) que al final era una vieja Mosley americana que prometía.
         Todos los días mientras el cuerpo me lo permitía, me pasaba un par de horas en el taller, para dar por finalizado el apronte de elementos. Primero la antena, luego una caja de conexionado para filtros de banda, posteriormente aprontar el equipo que se llevaría. Me cansaba mucho, el cuerpo no respondía y el aire se negaba a alimentar mis pulmones, pero pese al esfuerzo, llegué a concluir todo con días de anticipación.
         David, quién además de ser parte del LU2DT es integrante de Eco Radio, era el único interlocutor con nuestro grupo. Todo llegaba a través de él ya sea desde el sur a La Falda, como viceversa. Todas las noches chequeábamos los adelantos, el material y por sobre todos el clima. Los datos no eran halagüeños porque se vaticinaba para el fin de semana temporal y lluvia.
         Luego de varios cambios sobre la marcha, coincidimos que saldríamos desde La Falda, el miércoles 20 de febrero a las 08:30 hs. Beto, vendría hasta casa para cargar mis petates y desde aquí partiríamos en búsqueda de Roberto que en su Marcos Juárez, esperaría nuestro arribo cerca del mediodía.
         En La Falda, comenzó a llover el lunes por la tarde. El cielo se tornó plomizo y sin mucha petulancia, se sucedieron varios aguaceros de poco minutos pero interesantes. Las nubes no dejaban ver el sol y así pasamos esa tarde, todo el martes y llegamos al miércoles. Lo llamativo era que la temperatura descendía vertiginosamente y hubo que recurrir, al menos en mi caso al pijama largo. Había llegado al fin el otoño.
         La tarde del martes la dispuse para poder dejar todo armadito, acomodado y presto para cargar. Mamá se había ido a dormir su merecida siesta y yo no tenía nada que me entretuviera. A eso de las 17:00 hs. Cuando desde la puerta Gala, mi perra me delataba la presencia de alguien, me asomé curioso a ver quién era. Grande fue la sorpresa cuando me di con que un gran amigo, patagónico él, llegaba a dar las buenas nuevas. José Luis Paz LU1WAS,  su esposa Chaila LU4WCW e hija Camila LU3WCE acababan de aparcar en la puerta de calle y se dedicaban a saludar efusivamente a Gala que los había reconocido. Éste amigo fue uno de los anfitriones en Rawson, Chubut cuando fuimos en 2011 a activar las balizas del puerto. Además había estado en casa durante una temporada, disfrutando con su hermosa familia.
         Sabía que te estabas por ir al faro, así que quise saludarte y desearte buen viaje, fue su primera frase. Propia de un amigo. Charlamos y tomamos unos mates por espacio de un par de horas, sacamos el cuero, criticamos y nos acordamos de las cosas hermosas vividas en ocasión de nuestro viaje allá.
         Cuando se hizo la noche, no hubo nada que pudiera retenerlo, ni la promesa de unas pizzas faldenses. Vos tenés que  terminar con las cosas del viaje, y nosotros prometimos a la nena que iríamos por una remera de La Falda. Así que quédate tranqui que ya habrá oportunidad. Dale saludos a todos los chicos y que disfruten la expedición. Voy a tratar de contactarles desde la móvil.
         Ya sonaba en el reloj las 21:00 hs. Cuando luego de un fortísimo apretón de brazos nos despedimos.
         La noche estaba fresca pero lo que más molestaba era la persistente llovizna. Así y todo cenamos con mamá una rico mate cocido y cada uno se dedicó a lo suyo. Ella a mirar TV y yo a pasar el parte diario al equipo.
         Cuando encendí el Skype, estaban Beto, Roberto y David en franca charla, intercambiando pareceres y detalles. Nos saludamos y dijimos lo que teníamos para cada uno. Yo, por mi parte concordé nuevamente la hora de llegada de Beto a casa y la de partida,  Roberto el arribo a Marcos Juárez y David el detalle de cómo nos encontraríamos en momento de llegar a mardel.
         Eran las 01:45 hs. Cuando cortamos con Roberto, quién antes de apagar su PC prorrumpió con una serie de recomendaciones a la hora de iniciar el periplo. Le preocupaba sobremanera el viaje con lluvia.
         Aunque pensé que no podría hacerlo por el nerviosismo propio del viaje, cosa que me pasa pese a los centenares realizados; me dormí al instante, dejando para la mañana siguiente el baño reparador. La noche fresca y húmeda se hacía sentir en la ventana  de mi cuarto y la escala mercurial bajaba ostensiblemente hasta los 09º C.
         Tal como lo clamaba el general (mmmm) me levanté temprano esa mañana. A las 06:00 hs. Sonó el despertador y luego de un rato de fiaca y revisión mental de las cosas, me levanté para afeitarme. Gala, mi fiel compañera me miraba desconcertada, porque cuando salió a hacer pis; aún era noche cerrada y eso no es su costumbre.
         Afeitadito y bien despierto, me di una ducha, no sin antes aprontar el agua en la caldera para un buen mate cocido.
         Si todo estaba en marcha como lo habíamos previsto, en ese momento, cuando yo ingresaba al baño, Beto debería estar dejando su casa, y poniendo rumbo a La Falda. En poco más de 1,30 hs. Debería cubrir el trayecto Alta Gracia-La Falda.
         Terminé el baño, me puse algo de ropa abrigada y degusté el desayuno con mamá; a quién además aproveche para instruir sobre cómo actuar con la póliza de seguro que debimos tramitar por requerimiento de la armada.
         Estaba ya en la revisión final del bolso, cuando Beto entró en casa sonriente y feliz. Me dio detalles de la tormenta y de que para él, su auto quedaba de momento chico para poder cargar las cosas. No creía que pudiéramos llevar todo. Yo me asomé curioso al patio y casi me muero. Había por error, confundido su modelo de auto con uno más grande y veía con horror que en realidad el espacio no era mucho.
         Beto trajo su Clío II, pero la versión chica, no el modelo grande que yo me imaginaba todos esos días. No sé porque la confusión, porque muchas veces había yo viajado en el, pero así fue. Era el chiquito. Jajaja.
         No te hagas drama, le dije casi confiado, ya veremos que hacemos al respecto. Mamá, como siempre preocupada por mis amigos, le ofreció ese café que Beto no podía rehusar. Eché una mirada al auto, a sus lugares y calcule con destreza (cosa que me enseñó mi padre) que iría primero en la carga. Porque de algo estaba seguro. Tenía que llevar todo lo humanamente posible.
         Sabía de arranque que la antena y la caja de coaxiales debía ir si o si. También la ropa y la bolsa de dormir, el colchón inflable y algo más. Así que calculando las formas y el espacio fui colocando todo lo que tenía en los lugares que mejor se adaptaban. Beto tenía poco equipaje, por lo que no complicaba nada. La cosa era Roberto que aguardaba con varios equipos y elementos imposibles de dejar en casa. Había que llevarlos, estaban comprometidos.
         A poco más de cinco minutos de cargar lo elemental y calculando que esperaba en el sur provincial, caí en cuenta que al menos dos cosas no podríamos llevarlas y eso me acongojaba. Lo primero era  la conservadora, que estaba cargada a su máxima capacidad con bebidas y algo de fruta. Pero que en realidad guardaba una aviesa actitud. La tenía preparada para poder traerle a mamá varios kilos de mariscos, que de seguro compraría en el puerto de Mar del Plata. Ella, tanto como yo, damos la vida por un poco de esos frutos de mar.
         La otra cosa que no podría ir, era una damajuana de buen vino tinto, malbec para ser detallistas, que tenía comprada hacía días y que tenía como misión remojar las apetitosas comidas que se harían en el faro. Al menos la primera, un arroz con frutos de mar, que según David seria su propuesta gastronómica para la noche del viernes.
         Pedí perdón, la encomendé al buen Dios pero a mi pesar la bajé del Clío y la lleve a la cocina de casa. Estaría segura, mamá no toma ni así se alcohol. Cuando regresara quizá daría cuenta de ella.
         Sin salir del asombro Beto miró su auto y solo atinó a decir, no te lo pudo creer, entró todo lo demás y queda espacio para Roberto. Saludó efusivamente a mamá y a Gala, y se puso al volante. Estábamos a minutos de partir.
         La Beba, le llamó por última vez y le dio un listado de recomendaciones sobre cómo debía cuidarme allá en el faro, porque por más que yo no me delataba, ella sabía que no estaba nada bien. Nada. ¡Que no tome frío, cuidado con las bebidas que está con remedios, ojo con los cambios de temperatura, cuidado con el aire acondicionado, que se cambie la ropa si se moja con la lluvia, que se controle la fiebre cada rato, que descanse, ojo con el sol, y un largo etc.!
         Cuando al fin partimos, Beto me miró con ojos inquisidores y me dijo. ¿No sería mejor que te quedes? Según la Beba, estás para la bosta!!!
         ¿Qué? Ni en pédocles  me quedo. Me voy a cuidar eso sí, pero quedarme ni ahí!!!!
         Dejamos la puerta de casa cuando el reloj marcaba las 08:45 hs. Mucho antes de lo previsto originalmente.
         Salimos hacia el sur por la RN 38 hasta la vecina Valle Hermoso, para desde allí tomar al este por el Nuevo Camino del Cuadrado. Si no se presentaban contratiempos, en poco más de una hora estaríamos sobre la autopista Córdoba-Rosario.
         El cruce fue lento y lo hicimos con la mayor seguridad. En lo alto de los cerros, la espesa niebla y la llovizna impedía la visibilidad y se tornaba arto difícil predecir que harían los otros conductores. Pero pese a todo hicimos buen tiempo y llegamos a Río Ceballos en cuarenta minutos. Desde allí por la autovía E 53 nos encaminamos a la autopista en medio de nubarrones y bastante lluvia. Subimos a ella a las 10:00 hs. Buen tiempo pese al clima.
         Paramos en Pilar sobre la autopista en la espaciosa estación se servicios de YPF, siendo las 10:15 hs. porque las necesidades fisiológicas y las pastillas hacían su primer llamado del día. Cargamos algo de gas oíl, como para no perder tiempo más adelante y luego de unos minutos reemprendimos la marcha. Aún bajo la persistente lluvia y esos grises nubarrones que por lo visto, no se acababan por delante.
         Sin contratiempos y con bastante tráfico para la fecha y el día de la semana, cuando caímos en cuenta, entre charla y disquisiciones llegamos a Bell Ville. El reloj nos indicaba que eran las 11:50 hs. Y por otro lado el estómago también avisaba que llegaba el momento de comer.
         Tal lo pre dicho por Roberto, ni bien pasamos la ciudad pudimos desde la móvil, activar y abrir la repetidora de VHF de Marcos Juárez. Con el FT 411 E y una 5/8 magnética en el techo, llamamos a LU7HBL (Roberto) para que sepa que estábamos en zona. Nadie puede creer si no lo prueba que esta repetidora alcance tamaña distancia, Y ese es un logro de nuestro buen Roberto, que mantiene el antenamiento a la orden del día. A más de 50 km. se escucha y se puede abrir si las condiciones propias así lo  permiten.
         Viejito, como va todo????? Eso fue lo primero que respondió al contestar el llamado. Como les trató la lluvia??? Ya pasaron Bell Ville???? Todo en un solo párrafo y con señales de ansias y nerviosismo. Yo estoy ya con la comida lista, ni bien llegan se lavan, comemos y cargamos. Así no nos atrasamos.
         Le adelantamos que el problema de espacio era grave, porque dudábamos que hubiera recibido el mensaje enviado por celular, pero nos hizo saber que si lo recibió y que todo estaba en orden. Él tenía todo preparado y a la vista, lo que se podía cargar se subía, lo que no, quedaba en la casa.
         Cuando la voz de la galleguita indicaba que “ha llegado a destino” desde el GPS de la unidad, era la hora 12:25 hs. Un excelente registro si tenemos en cuenta el clima.
         Al ingresar a la casa de Roberto, nos esperaba una frondosa y bien regada picada. Pizza fría, salame, queso, bondiola, vino, cinzano, gaseosas, agua saborizada y un largo etc. Mientras nos lavábamos un poco y dábamos cuenta de la entrada, llegó Martín, LU5HML hijo de Roberto y también parte del grupo.  Quién no solo venía a saludar y bendecir el viaje, sino que se hizo cargo de la parrilla mientras su padre se bañaba y nosotros, a dos manos atacábamos la bondiola y la pizza, a la vez que informábamos a David que en breve estábamos partiendo desde Marcos Juárez.
         Una vez salido del baño el dueño de casa, armó una riquísima ensalada mixta y le gritó, tal como es su costumbre a su hijo, que trajera la carne. Vacío, aguja deshuesada, un par de choris y varias patas y muslo de pollo, llegaron chirriantes a la mesa. Todo tenía un olorcito y un color que invitaba a comerlo sin miramientos. Ya era tarde para que me preocupara por mi estómago o lo que fuera que estuviere afectado por la neumonía o los remedios. La sed imperante me habían hecho tomar un par de vasos de una cinzano muy fresco. Total, yo no manejaba.
         No se podía creer lo rico que estaba la carne y el pollo, a su punto justo, con ese sabor a pampa verde y amplia. En eso estábamos, digo dando cuenta de lo que quedaba cuando llegó para saludar Gustavo LU3HZK quién no solo venía a saludar sino a ver qué cosa podía faltar. Gustavo es también parte del ECO RADIO y como si fuera poco, presidente del LU5HR Radio Club Marcos Juárez. La unión de amigos radioaficionados.
         Se lamentó como lo había hecho antes de no ser de la partida, porque quería darse el gusto de conocer un faro, pero no pudo esta vez, así que prometió unirse en la próxima salida, la que esperaba sea pronto.
         Terminamos de comer y repasamos las cosas que estaban ya cargadas. Debimos dejar el cable coaxial de 80 metros que nos prestaba el RC, pero era imposible hacer lugar para ello. Todo lo demás, estaba arriba del Clío y además, como si fuera poco, quedaba lugar para nosotros.
         Exactamente a las 14:00hs. Arrancamos desde la puerta de la casa de Roberto, Nos esperaban más de 1000 Km. en este viaje. Si todo salía como esperábamos estaríamos arribando cerca de las 24:00 hs. De éste miércoles de febrero.
         Le cedí mi lugar en el asiento del acompañante a Roberto, porque necesitaba dormitar un rato, ya el cuerpo me pedía descanso y las fuerza flaqueaban.  Llevaba horas despierto y tenía solo días de salido de la cama por la enfermedad. Mi compañero aceptó gustoso el puesto y se puso a comandar las acciones, tanto viales como radiales. Anda por aquí, dobla allá, prendía su Handy y llamaba a decenas de colegas, daba reporte de clima, les avisaba que estábamos viajando y, como si fuera poco, También contó sus historias.
         Como nadie mejor que Roberto conocía la zona, no me preocupé por seguir a pié puntillas el mapa u hoja de ruta que habíamos concebido hace días. En eso, él era una garantía, así que me acomodé en los brazos de Morfeo, al menos por un rato. En realidad no se cuanto pasó, porque dormitaba profundamente pero a la vez estaba atento a lo que se decía adelante. Insolente y desubicado mi buen amigo no tuvo mejor idea que sugerir…. “Viejito… porque no te haces unos mates!!!!!!!!!
         La intención primigenia era mandarlo a lo más alto del mástil mayor, pero no estábamos en un buque. Así que no tuve más remedio que acceder. Por suerte solo tomo y sebo mate amargo, “cimarrón como decía mi abuelo” así que la vuelta duró poco. A mis colegas y compañeros de viaje, le agradan más los dulces. Otra vez a dormir hasta que debiéramos detenernos a reabastecer combustible, pero eso sería recién en General Villegas; ya en provincia de Bs. As. Por ahora estábamos en Santa Fe. Faltaba un rato.
Cuando la radio del auto dejaba saber por los pitos, que eran las 17:30 hs. Beto estacionaba en Gral. Villegas tal lo pactado. Llovía fuerte y la ruta estaba algo peligrosa. Mucho tráfico, mucho espray y posibilidad de acuaplaning.
         Nos bajamos un rato mientras cargábamos combustible, caminamos hasta los baños, luego al shopp y departimos entre los tres a ver que podíamos comer. Roberto nos recordó que él traía en sus cosas sándwiches de miga y que solo faltaba algo líquido y fresco. Nos decidimos por una COCA y el bueno de Roberto por un mate listo, yerba, azúcar y unas galletas.
         A las 18:00 hs. Nos pusimos en marcha otra vez, ahora conmigo en el asiento del acompañante. Íbamos con cuidado porque el playero amablemente nos había avisado que los próximos 40 km. de ruta estaban bastante mal. Muchos pozos, cruzados y en ambas manos. Aún había luz, pero mortecina, porque las nubes persistían y la llovizna también.
         Pasamos Tres Algarrobos y si bien mejoró mucho el tema de la ruta, no se podía librar a la suerte la conducción, así que mientras atacamos a los de miga, y le dábamos a la Coca; fuimos corriendo kilómetros. Recién en Carlos Tejedor nos sentimos tranquilos de acelerar y bajar la cautela.
         Por razón de consumo, velocidad segura y crucero, Beto decidió que viajar ente los 100 y 115 Km. horarios sería más que suficiente, cosa que aceptamos porque lo que vale es en realidad la regularidad y a esa velocidad es muy fácil mantenerla. Ya se notaba y llevábamos cuenta de la cantidad de centenares de km que habíamos sumado, así que no encontramos impedimento para negarnos. Estábamos en marcha, lo hacíamos seguro y, con buen promedio. ¿Qué más?
         Ya con una noche cerrada y llamándonos la atención que en ninguna repetidora nos hubiera contestado ningún colega; arribamos siendo las 21:30 hs a Olavarría. Se veían en el firmamento algunas estrellas y las nubes corrían raudas hacia el noroeste. Solo unos kilómetros atrás nos había abandonado la lluvia. Fue entre San Carlos de Bolívar y Olavarría.
         Paramos, cargamos combustible, compramos otra Coca y fuimos al baño. Yo aproveche a limpiar el parabrisas (cosa de viejo chofer) y con la otra mano, llamaba por cel. a mi mamá que ya de seguro estaría en la cama.
         Lo primero que quiso saber era sobre el clima, porque en casa aún llovía y hacía un frío bárbaro. Luego la consabida tracalada de consultas y preguntas de rigor, tomaste el remedio, estas abrigado, te sentís bien, como fue el viaje, etc.?????? Respondidas todas las preguntas me despedía hasta mañana, porque aún faltaban varias horas de viaje y no la iba a llamar a la madrugada.
         Roberto quiso seguir atrás, porque según él estaba más cómodo (vaya que novedad la suya, yo ya lo sabía) así que arrancamos en las mismas posiciones, como habíamos llegado. Eran las 21:45 hs.
         Estábamos llegando a Azul y me llamó la atención que Beto redujera el promedio tan drásticamente. Marchábamos a poco más de 80 km. por hora y eso no estaba bien. En Mar del Plata nos esperaban a las 24:00 hs. Y así no llegaríamos. Se lo hice saber con sutileza pero dejando en claro que me había dado cuenta del tema. Mi amigo aceleró y volvimos a la velocidad normal. Pero la cosa duró minutos. Otra vez nos vimos reduciendo la marcha. Preocupado le interrogué ahora que pasaba, a lo que me respondió que estaba algo cansado y que la noche no era su fuerte, en síntesis ya no daba más.
         Me ofreció entonces manejar lo que faltaba del viaje, si no me molestaba, a lo que accedí sin problemas. Como chofer de ómnibus, la noche es para mí mi mejor momento; por lo menos hasta ahora. Cambiamos los lugares y con un Roberto expectante reiniciamos la marcha ahora dentro de los promedios.
         Como sabíamos de antemano que delante nuestro habría un par de sectores de buena autopista, adelanté que al llegar a ella aceleraría para recuperar un poco de tiempo y cumplir con las expectativas. Poco importó, Beto estaba desmallado en su butaca y no me oía.
         La ruta que me tocó en suerte era realmente hermosa, amplia, con amplias subidas y bajadas, La noche se había despejado y las estrellas iluminaban nuestra marcha, peleando por adelantarse a la luna que ya se dejaba ver en el horizonte.
         No hubo tropiezos ni sobresaltos, solo una gran liebre que se negaba a abandonar la acera, justo en mi camino. Una frenada, un toque de bocina y la orejuda y veloz liebre abandonó raudamente la carpeta asfáltica, creo incluso; agradeciendo la gentileza.
         Luego de un par de horas, cuando ya estábamos pasando Balcarce, iniciamos el llamado por repetidor a David que supuestamente estaría esperando nuestro arribo. Nadie salió a la palestra. El operador de la móvil, Roberto se desgañotó llamando pero… cri, cri, cri ¡!!! Nada. Solo estática.
         Espérate un momento le dije algo ofuscado porque me veía durmiendo en el Clío. Oprimí la memoria del cel, ubiqué a LU2DC y pulsé Call. En el segundo timbrazo, atendió el amigo que dijo estar en un asado y dispuestos a esperarnos. Avisen por repe cuando están en zona.
         A la 01:05 hs. El GPS nos depositaba sin dramas en la puerta de la casa de David. Habíamos arribado luego de once horas de viaje, si solo contamos desde la partida de Marcos Juárez.
         Le avisamos por mensaje de texto, dado que la repe, ni ahí!!!
         Llego en cinco, fue su escuálida respuesta, pero cumplió. Llegó con un sombrero estilo John Wayne y un repasador prendido a la cintura. El olor a humo y chorizos era evidente, pero estaba ahí y eso era lo que importaba.
         Nos abrazó como si nos conociera de toda la vida y solo después de cerciorarse que estaba todo bien, espetó. Síganme… no los voy a defraudar!!!
Cinco minutos después y a unas 16 cuadras de distancia, nos detuvimos en la puerta del Radio Club Mar del Plata LU2DT. Habíamos llegado!!!
         Contar con detalle el ingreso al radio club, sería por demás interesante pero, hay un par de ellos que voy a obviar porque no quiero problemas con nadie. Veamos.
         Una vez se apeo de su auto, David extrajo de su bolsillo un gigantesco llavero con todas las llaves del reino radial  LU2DT. Nos miramos con los chicos de forma escrutadora, porque nos parecía mucho esa cantidad de llaves para una puerta. Pronto nos dimos cuenta que no eran tantas y menos “una puerta”.
         Lo primero que encontramos fue una puerta en el frente del edificio que nuestro amigo abrió sin problemas. Era de madera. Tenía ésta tres llaves. Acto seguido y sin inmutarse avisó que aún faltaba bastante. Con total parsimonia buscó en el manojo y encaró otra puerta, esta vez de metal con la que peleó un rato para dar apertura a otras tres llaves.
         Sin mucho apuro volvió a hurgar en el gran llavero y eligió otras dos llaves con las que luego de unos minutos abrió también. Otra de madera. Entramos entonces en un espacioso pasillo por el que se podía ingresar a un par de dependencias del club y a otras que están arrendadas. A la derecha y con señas de haber sido ya maltratada había otra puerta en este caso de vidrio y madera que dejaba ver del otro lado, el museo del club, y un par de lugares más que, en virtud de la poca luz; no pudimos discernir. Allí se plantó el David y espetó que ahora venía el momento de la verdad. La cerradura de marras que tenía colocada la puerta estaba dañada y por lo tanto no era muy fácil dar apertura a la misma. Si le pegábamos de una todo estaba bien, sino habría que esperar a mañana. Para ello podríamos dormir en el pasillo.
         Con total disimulo miré a Roberto y haciéndole algunas muecas y señas poco convencionales, le indiqué que, o entraba y disponía del baño o… la cosa pasaría a un estado de emergencia. No desesperéis dijo David que atinó a ver las señas confidenciales. Es cosa de ingenio. Nos explicó entre tanto que todo eso de tener decenas de llaves era por el robo que sufrieron en 2010 en el cual los dejaron pelados, sin material, sin equipos, etc. Estas llaves y la nueva alarma por lo menos brindaban algo de protección.
         Terminada la angustiosa explicación extrajo de sus bolsillos encendedor y cigarrillos y como si nada pasase se fue a la puerta a pitar. Yo miré a los chicos y volví con mis señas, no aguanto más o abrimos o volamos.
         Una vez hubo concluido su cigarrillo en bueno de nuestro amigo, retomó la tarea de apertura, la que volvía a resultar fallida. Como se dio cuenta que la cosa era ya problemática nos invitó a probar un rato cada uno a ver si la agarrábamos cansada a la cerradura y se daba por rendida. Obviamente eso no sucedió y para entonces el reloj marcaba las 02:14 hs.
Como no puedo con mi genio y dado el apesadumbrado momento que vivíamos pedí un minuto para echar una mirada por la zona. Percibí entonces que la puerta de marras se movía bastante y que en su parte baja carecía de un vidrio que de momento, estaba disimulado con un cartón prolijamente colocado. Me agaché, calcule el ángulo, la extensión de bazos y un par de detalles más y, sentencié terminante y contrito. Si sacamos el cartón, podemos destrabar el pasador, si hacemos fuerza, quizá podamos hacer lo mismo con el pasador superior y con eso, abrimos las dos hojas sin problemas.
         Ahhh claro dijo David. La cosa es que ni bien vos saques el cartoncito y penetres media uña, la alarma se activa y en cinco minutos todos, vamos en cana. No tenemos tiempo para desactivarla si se nos pone dura la otra parte, la superior. Estamos al horno.
         Beto me miró y trató de armar la escena de la entrada en pánico si se activaba la alarma, pero no entendía cómo podríamos parar el lío si se hacía imposible llegar a tiempo al control de la alarma.
Dudando un poco de lo que decía David, saqué el cartón y pasé la mano. No hubo respuesta de la alarma. David creyó entonces que tal vez estábamos algo bajo para el sensor y por lo tanto, no nos captaría. Dale nomas dijo, apoyando el destrabe del cerrojo. Pero… no terminó de decirlo cuando se sintió un chirrido feo y la cuenta regresiva previa a la hecatombe total. David se enloqueció, vamos en cana dijo. Yo me aseguré que el pasador no trababa y Beto, con fuerza empujó la puerta hasta que pudo meter su mano y sacar el pasador superior. Entonces David corrió un par de metros y en el preciso momento en que la alarma iniciaba el zafarrancho, el introducía la clave de desactive. Solo se oyó puuuuuihhh, clin, clin, clin y piiiiiiii. Nada que hiciera despertar a los vecinos, por lo tanto, al menos esa noche no visitaríamos la comisaría.
Terminamos de pasar todos los petates al interior del club, dado que estaban descansando en el pasillo y recibimos una visita guiada de David sobre todo lo que había allí. Veinte minutos después y con la tranquilidad que estábamos bien instalados, se dio a la fuga.
Beto se quedó mirando en la puerta el gran manojo de llaves y riéndose dijo para que nosotros escucháramos. Espero recordar para dónde es cada una. Se refería a cada llave, porque a él se le había instruido sobre como volver a cerrar las puertas con nosotros dentro.
Sin mucho más que hablar y decirnos, cada uno del equipo buscó sus cosas y eligió un lugar donde ponerse horizontal, en los colchones inflables que llevábamos. Yo por mi parte, elegí una de las dos salas de transmisión, Roberto la otra y Beto la secretaria. En donde abrió las ventanas para poder custodiar el auto que estaba aparcado en la vereda, pese a la recomendación de David que insistía en que lo llevemos a una estación de servicio cercana.
A las 03:10 hs. Fue la última vez que vi el reloj y luego se acabó el día para mí. Cuando desperté a las 05:11 hs. Fue para ir al baño y hacer un larrrrrrgo pis. Volví a la cama y cuando sobresaltado escuché una alarma, eran las 08:25 hs. Roberto se debería haber levantado en Marcos Juárez, pero dejó su alerta en el celular, por consiguiente se acabó la noche para nos.
Cuando terminé de arreglar mis petates y de higienizarme convenientemente, Roberto revisaba e-mail en su correo y Beto sacaba fotos. Al rato Roberto sebo unos mates y nosotros revisamos nuestros correos, antes de salir al centro a desayunar. Cosa que hicimos cuando el reloj daba las 09:55 hs. Del jueves 21 de febrero.
Lo primeo es lo primero, así que antes que nada cargamos combustible para estar seguros y prestos para lo que faltaba del viaje, cosa de no perder tiempo en la ida al faro. Luego dimos un par de vueltas por la ciudad, sacamos fotos y nos enamoramos una y otra vez con las frías aguas del atlántico que tan absolutas y persistentes bañan estas costas. Como la rutina era desayunar, a eso nos abocamos. Paramos en una calle aledaña y caminamos más de un kilómetro hasta que dimos con el complejo Las Palmeras, que desde lo alto de un médano invitaba a la buena vista y algo rico. Allá fuimos y desayunamos unos ricos cortados con medialunas.
Terminada la primera y más importante de las misiones, salimos a caminar de regreso al auto, pero esta vez por la vereda de la playa. En eso estábamos cuando el inefable Roberto señaló que parecíamos tres viejos pallucas, del campo. Un calor que rajaba la arena y nosotros con remeras mangas largas, chalecos y pantalón largo. Deberíamos cambiarnos por lo menos, porque si no somos el blanco de las miradas. A Beto le pareció buena la propuesta por lo que nos subimos al Clío y partimos rumbo al radio club. Si todo salía bien, solo demoraríamos cinco minutos para poder mudarnos la ropa. Luego volveríamos al paseo.
Cuando Beto estaba abriendo la primera de las puertas, me llamó la atención que el testigo de alarma estuviere encendido. No recordaba que nosotros lo dejáramos así, por lo que les hice saber a los chicos el tema. No pasa nada dijo Beto, suelen estar siempre prendidos como disuasión. Sí, claro, acotó Roberto, no pasa nada.
No habíamos siquiera terminado de abrir la puerta de vidrio, cuando se activó la alarma. Beto gritó pero era al vicio, porque nadie podía ingresar la clave de bloqueo, dado que no la sabíamos. El ensordecedor ruido de las sirenas internas, competía con el atronador aullido de las externas. Tuvimos que salir a la vereda porque no podíamos siquiera comunicarnos entre nos.
La cara de desazón era tal, que se notaba a la legua. Los vecinos se asomaban por las ventanas, las vecinas recogían las cortinas y todos nos señalaban como los intrusos. Se me ocurrió por la desesperación creo, que si llamaba a David quizá podría curar el mal de palabra. Primero blasfemó bastante al tonto que había colocado la alarma y luego dijo te paso la clave y desconéctala así no voy hasta allá. Dicho esto pronunció las cifras mágicas con las que corrí hasta el control. Teclee XXXXX XXXX XXXX XX y en un segundo todo acabó. Para beneplácito nuestro e intriga de los vecinos.
Un par de minutos después, pasó un móvil policial lentamente y tomando nota de lo que se podía ver en el barrio.
Nos pusimos lindos y a la moda playera y luego de cerrar, volvimos a la costa para terminar el paseo. Lo primero fue ir hasta el Puerto de pescadores, en donde visitamos la banquina y pudimos sacer decenas de fotos de los barcos y personajes allí instalados. También respondimos llamados de celular de Nabor LU2HNV y Elvio LU8FF que nos interrogaban sobre el viaje y como iba todo. Con Elvio tratamos de que nos crea el momento, así que me saqué una foto posando con el celular en el mástil del monumento a los pescadores.
Recorrimos algunos negocios, nos compramos unos pines del faro para las gorras, también algunas latas de mariscos y un par de frascos de anchoas en conserva, como para cumplir con la mami y salimos otra vez a la avenida costanera. Teníamos el dato de que cerca de la gruta de la Virgen de Lourdes, se podría comer barato y bueno, pero no logramos dar con el sitio por más que consultamos a muchos vecinos. Así que ya famélicos de hambre nos volvimos a la zona portuaria, sabía que Chichilo no podía fallar.
Nos metimos de cabeza en el más viejo de los puestos de comida en el puerto. Chichilo, una tradición hecha a base de calidad y seriedad. Don Chichilo desde los años 40 que estaba vinculado al mar y sus cosas y como fiel marino, sabía de gastronomía y un día en los 60 despuntó el vicio y puso el primero de los restoranes en el puerto. No pasó mucho tiempo para que se convirtiera en el sitio de las especialidades culinarias por excelencia y recibiera millones de visitas cada año.
Como quién no quiere la cosa, subimos por la escalera mecánica al primer piso en donde se encuentra el sector de tenedor libre. Nos pusimos de acuerdo en que cada uno de nosotros tres cargaría el o los platos que más les gustara y el resto haría lo propio sin repetir. La cosa era comer de todo y mucho. Bastante mucho.
Beto eligió el vino, mientras nosotros dábamos inicio a la carnicería: Cornalitos, rabas fritas, langostinos, ensalada de frutos del mar, mejillones al la provenzal, pulpo a la gallega, de todo como en botica. Ocupamos una mesa luego de abonar la cuenta y dejando para más tarde los platos calientes, cazuela de mariscos y paella, porque de no, se enfriaría hasta llegar a ella.
La comida fue hermosa, charlamos, criticamos, hablamos pavadas y nos dimos el gusto de comer lo que nos estábamos esperando desde noviembre cuando nos invitaron. También nos tomamos un par de botellas de tinto como para bajar todo y sacamos fotos. Quedaban solo sobras en los platos (de esas que nos e comen, claro) cuando el mozo gentilmente nos preguntó que tal estaba la comida. La respuesta fue unánime excelente.
Pero a mí, me asaltaba la duda. ¿Qué era esa fuente que cada dos minutos pasaba por delante nuestro, con destino a otras mesas? Son mejillones gratinados respondió Alberto, el mozo. Si les gusta probar, les invito. No se van a arrepentir.
Nos miramos con mis compañeros y con dudas dijimos que no. Yo controle la botella y ya no tenía nada de líquido, deberíamos pedir algo más si aceptábamos el convite. Eso nos pondría en infracción porque ninguno de os tres podría pasar un control de alcoholemia.
Dos segundos después llegó el mozo. ¿Y qué dicen aceptan la invitación? ¿Se animan con los meji gratinados? Otra vez la respuesta fue no, no damos más.
Dijo Beto después, si hubiera vuelto una tercera vez, quizá hubiésemos probado ese manjar, pero no lo hizo. %$?=¨**ªº/&%$”
Cuando volvimos a la calle, de nuevo el Beto sugirió que la mejor forma de bajar ese almuerzo, sería tomarse un buen helado. Don Pedro, me permití acotar, como lamentando no haber dado cuenta de otra botella de tinto. Si Pedro, como mi amado viejo dijo Roberto. Apoyo la propuesta. A los pocos metros entrábamos en Gianelli para darnos el gusto.
El helado fue realmente un elíxir de vida, nos permitió reponer el cuerpo y también; organizar la tarde. Roberto pidió que paseáramos un poco más y sugirió que fuéramos hasta el faro para verle por lo menos desde lejos. Todos accedimos y allá fuimos rumbo al sur.
Se notaba en la cara de mi amigo que las ansias le superaban. Beto lo miraba de soslayo y también reía por lo desesperado que parecía. Cuando luego de una curva pudo verle a lo lejos, creo que su corazón latió impetuosamente. Llegamos a la zona de parking y se largó del auto, para sacar fotos por todos los lados, se reía, miraba incrédulo y solo atinó a decir. Tenes razón viejito, estas cosas causan unas cosquillas en el estómago, son hermosas. Clara referencia a mis palabras en la experiencia con el Faro Claromecó.
Sacamos varias decenas de imágenes desde la calle y cuando estábamos seguros de todo lo que queríamos tener para una posible QSL, emprendimos el regreso. Bueno en realidad no regresamos, sino que seguimos al sur, hasta los Hoteles de Chapalmalal, colonia de vacaciones nacional, que desde hace décadas sirve a la comunidad.
Mientras volvíamos entre médanos y tamariscos, al inefable Roberto se le ocurrió que debíamos al menos mojarnos los pies en las frescas y saladas aguas del mar, Beto propuso ingresar en las playas de Los Acantilados, porque él había prestado atención a una bajada en ese lugar. Cosa que hicimos para deleite d los tres.
Dejamos el Clío en el estacionamiento y por los médanos bajamos a la playa. Ésta estaba repleta de gente y en el agua decenas de niños chapoteaban de lo lindo. Un perro corría contento y libre enfrentando las olas y varias viejas italianas tomaban mate plácidamente sentadas en unas reposeras.
Roberto cual chico inquieto, se sacó las zapatillas y medias y corrió hasta una saliente de rocas en donde esperó que una ola le golpease. Beto sacaba fotos y yo, aún temeroso por el posible frío del agua, me aventuré con la Neumonía a cuesta; a tantear desde la costa.
Tan felices estábamos los tres que poco importó el salpicón que nos dio una ola y toda la mojadura de las prendas. Era un momento único de amistad, camaradería, disfrute y felicidad.
Como no podía ser de otra manera las gorras llamaban la atención de todos los que nos miraban, las viejas italianas preguntaron por el grupo y el bueno de Roberto no tuvo más que indicarle que yo hablaba algo de italiano y que le explicaría. Resultó que en realidad las viejas eran de Avellaneda, inmigrantes de los 40, pero con el esmerado y defendido culto por su idioma. Así que no me costó mucho hacerme entender, me sirvió de mucho esos años en los que viví en Las Lomas de Godoy, junto a la colectividad italiana y mis amigos de la infancia.
Terminada la charla volvimos al auto y desde allí, raudamente al club en búsqueda de nuestra ropa de protocolo, teníamos que bañarnos y luego asistir a una reunión con los chicos anfitriones. A las 18:16 hs. Llegamos al club y saludamos a los presentes, cinco minutos después salíamos rumbo a la casa de un muy amigo mío, en la que tanto él como su esposa nos esperaban para que nos diéramos un baño y tomásemos una cerveza bien fresca.
Tardamos unos diez minutos en llegar a los de Juan Carlos y Margarita, pero aprovechamos para conocer otra parte de esta hermosa ciudad. Los amigos habían preparado una gran bandeja de sándwiches de miga a los que deglutimos luego de la ducha. Charlamos un rato, nos reímos, contamos algunas cosas y sacamos un par de fotos para el recuerdo. Pasada hora y media, nos encaminamos, saludos y abrazos mediantes; al club. Allí conoceríamos a todo el equipo que representaría al LU2DT en la activación.
Nuestra llegada era esperada por todos en el LU2DT, al parecer se había generado una inusitada y poco frecuente incertidumbre en saber cómo eran estos cordobeses del ECO RADIO.
Nos recibió Roberto Roguín LU5EW, quién en años anteriores también fue parte del Eco Radio. La sonrisa era gigante y su abrazo también, no solo lo decía, sino que demostraba que realmente estaba complacido por nuestra presencia. Nos invitó a pasar y luego nos presente con la nutrida concurrencia. David,  mientras tanto, gerenciaba varias cosas desde un mullido sillón y detrás de un escritorio atiborrado de papeles y cigarrillos. Asombrados, los colegas se aproximaban de apoco a vernos y saludar. Parecía que estos recién llegados merecían toda la atención.
La charla fue amena y distendida, aclaramos muchas cosas y nos pusimos de acuerdo en otras muchas más. Nosotros dijimos lo nuestro. Pedimos que nos dieran las pautas y que nos dijeran que se esperaba de nosotros, cosa que quedó claro a los pocos minutos.
Terminada que fue la reunión, y una vez cargado el resto de los equipos en algunos autos de los amigos de mardel, que estaban esperando; dimos por concluido el cónclave y pasamos a la etapa de cena, que se imponía como muy importante. David nos había adelantado que en un determinado lugar de la ciudad; La Vieja Cuadra, se comía como en casa de reyes, así que teníamos que terminar la noche allí.
Cuando llegamos, nos dimos cuenta al momento que nuestros anfitriones eran más que conocidos, ya que la moza les dijo ahh pensaba que hoy no venían, me extrañaba que no llegaran es tarde. ¿Qué van a comer?
David, gentilmente, claro. Nos sugirió el menú de la noche. Sorrentinos Caprese a los cuatro quesos. Luego, una hermosa porción de Lazagña con salsa mixta. Para terminar Pizza de Muzzarela. ¡Pará ¿Cómo todo eso? Venimos de comer con todo estos días, vos nos queres matar?
No, la cosa es así. Acá te cobran barato y además te dan poco de cada cosa para que no te llenes y te quedes con ganas. Por eso pedimos un poco de esto y de lo otro, y probamos todo. Dicho esto hizo el pedido y esperamos mientras charlamos de todo un poco.
Realmente la comida era muy rica y además interesante la variedad, porque uno no se llenaba con solo un plato, así que el resto se acomodaba perfectamente. Pese a todo, la grande de muzza, quedó por terminar.
Ya estaba muy entrada la madrugada y decidimos que era hora de irnos a dormir, porque las jornadas venideras serian agobiantes. Nos despedíamos de David, Juan y Roberto y partimos hacia el radio club.
Cuando nos acostamos el reloj marcaba las 03:45 hs. Del día viernes y había que dormir apurado como decía mi abuelo, para ganar tiempo. Concordamos que a primera hora saldríamos al centro para hacer algunas compras de último momento y los regalos que, convenientemente, deberíamos llevar a casa para… bueno ya saben para que.
A las 08:30 hs. el celular de Roberto dio la señal de alarma y comenzó el zafarrancho de combate. Todo el mundo arriba, mate preparado por uno, aseo para otro, acomodamiento de cosas para el otro y luego a rotar hasta concluir. Estábamos bien lindos, con las remeras y las gorras, perfumaditos, afeitados y limpitos, solo restaba salir a la calle.
Beto se aseguró de poner en la web todo lo que habíamos hechos hasta entonces y subir algunas imágenes, Roberto contestó e-mail y yo hice lo propio. Desde la casilla del grupo, enviamos un correo general avisando de que estábamos muy bien y listos para iniciar el reto. Luego con ansias salimos hasta el centro. La premisa era ir a comprar alfajores Habana y unas remeras con imágenes del faro para los tres. Porque queríamos darnos el dique cuando estuviéramos con el resto del grupo en otra salida. Los alfajores no presentaron problemas, porque hay una sucursal en cada esquina; las remeras si se complicaron. En primer lugar no dábamos con lo que buscábamos y cuando lo hicimos, resultó que a los gordos, nos discriminaban. No hubo forma de hallar una de mi talle xxxxxxxxxl. ¡Qué bajón! De todos modos, compramos para el resto y a la pasada también sumamos unas botellas de gaseosa y otras de vino (estábamos en falta) para suplir lo que había quedado en casa por falta de espacio.
A las 12:04 Hs. llegamos al radio club y comenzamos a cargar los implementos que allí aguardaban. El inicio de las operaciones desde el faro, estaba a contados minutos.
Tal como lo había propuesto y asegurado, a las 13:15 hs. David pasaría por el radio club para buscarnos e ir juntos hasta el Faro Punta Mogotes. Así lo cumplió y antes de diez minutos, salimos raudamente para el sur de la ciudad. Roberto se subió en el auto de David y desde el, llamaba a todos por VHF, cerciorándose de que el equipo estaba en marcha. Pero en realidad eran las ansias que le traicionaban porque era su primera vez en un faro.
Faltando diez minutos para las dos de la tarde, llegamos al faro. Éramos los primeros del equipo y pronto nos sentimos como en casa. Bajamos algunas cosas, sacamos varias fotos para el recuerdo y como correspondía, David entregó a las autoridades del faro, la documentación pertinente y requerida por las normas. Se largaba el Fin de Semana Sudamericano de los Faros.
En las próximas horas fueron arribando el resto de los muchachos, algunos a contados minutos, otros más remolones. Pero pronto tuvimos ya suficientes manos como para poder izar antenas. Para eso, Juan, Gabriel, Roberto y Beto; subieron a lo alto del faro para desde la barandilla ir manejando el ascenso de cada una de la miríada de antenas que pretendimos desde el inicio, colocar en semejante estructura. El viento era fortísimo pero eso no amilanó a nadie, al contrario, le veían la parte buena, si no fuera por el viento el calor sería insoportable. Al caer la tarde y con más pasión que alegría; Roberto LU7HBL/D y Norberto LU7HA/ D daban por iniciada las actividades desde el Faro Punta Mogotes, realizando el primer contacto con:
Fuera, con una noche que llegaba algo destemplada y nubarrones que se asomaban en el horizonte; terminábamos de colocar en posición las antenas con las que daríamos batalla todo el fin de semana.
Un gigantesco LOOP multibanda, un larguísimo HILO LARGO de 240 metros de extensión.  Un DIPOLO RÍGIDO para 10, 15 y 20 metros, dos DIPOLOS EXTENDIDOS con bobinas de carga para 40 y 80 metros, una VERTICAL DE VHF para 2 metros, y alguna otra más que se me escapa de momento.
Dentro del faro tres sectores preparados para atacar al éter. Una ESTADCIÓN DE DIGITALES multibanda, una ESTACIÓN PARA DX en 10, 15 y 20 metros, una ESTACIÓN PARA 40 y 80 metros en fonía; y la ESTACIÓN DE VHF. Como si fuera poco; un gran espacio en una de las salas para poder dormir sin problemas.
Me aseguré que todo funcionara como debía y que todas las cosas estuvieran en su lugar. Que el equipo ya se encontrase en funciones y pedí el permiso pertinente para poder descansar al menos media hora. El cuerpo ya no me daba más. La Neumonía me recordaba que pese a estar mejor, no estaba bien y que debía regular las energías. David, el responsable de toda la operación me dio el OK y enfundado en mi bolsa de dormir, me entregué a los brazos de Morfeo.
A eso de las 22:15 Hs. me sobresaltó el encendido de la luz del cuarto, pero no me había despertado aún cuando Mauro LU5ET me hacía saber que ya estaba lista la cena, que me fuera preparando. De un salto dejé la cama y con la campera puesta rumbee para el sector de cocina. Allí la algarabía era mucha y desde lo lejos los destellos de los flash parecían Tuquitos en la noche (Bichitos de Luz en tucumano), es que todos sacaban fotos a la inmensa olla que David mostraba orgulloso. Dentro un soberbio guiso de arroz con frutos de mar, llamaba a la cena.
Poder sentarse a la mesa con tantos amigos, disfrutar de las charlas, de las risas de ellos, de las cargadas y todo lo que encierra una expedición; ameritaba ya el haber hecho el esfuerzo físico y económico para venir.
Comimos de lo lindo y nos pusimos al tanto de muchas cosas que son afines a los radioaficionados en todo el país. Pero la noche sería larga, así que de a poco, fueron levantándose los amigos para ocupar el lugar en las estaciones que aún estaban encendidas en escucha. Yo, siguiendo la invitación de KOKO, me quedé junto a Beto, David y no sé cuantos más; en una sobremesa que fue apoteótica.
Café, whisky, postre y mucha, mucha charla y risas, daba para quedarse, pero el deber obligaba así que pronto con David como comandante salimos para la estación de digitales. En ella me puse pipón  de realizar contactos con la LT5D, la Señal Distintiva Especial que usábamos para el DX. Y así, casi sin darme cuenta me sorprendió la madrugada.
Cada tanto llegaba David con un inmenso jarro de acero inoxidable, repleto de una especialmente guardada Grapa Casera que hacía cuatro años esperaba esta ocasión. En otro momento lo que traía era café o sus palabras de aliento. Lo cierto fe que entre sorbo y sorbo, llegué a las 09:45 hs. frente a la PC, momento en el cual fui relevado por el propio David y otros compañeros. Me merecía un sueño reparador y así lo hice saber.
Sin más preámbulos pegué una mirada, le di el parte a mis compañeros de equipo y me volví a enfundar en la bolsa de dormir hasta las 13:00 hs. en que mi madre me llamó para saber cómo andaba todo. Segundos después Roberto irrumpía en la pieza y daba el parte “viejito… ya está el almuerzo. No sé que es; pero se huele muy bueno desde aquí” dale que nos dejan sin bocado. Me levanté a velocidad de bombero y tras él, salí para la cocina. En el camino me di cuenta que era verdad, el olor llamaba al almuerzo.
Al ingresar al quincho, vi a Máximo con una gran espátula que daba movimiento a un gran revuelto de cebollas y ajíes morrones. Con la otra mano y mediante un tenedor hacía lo mismo a una importante cantidad de churrascos de cuadril en una súper plancha. A la mesa ya estaban los comensales y obviamente todo un muestrario de buena bebida que era parte de la ceremonia. Ni que decir de lo rico que supo ese menú. Se repitió varias veces y hasta pasamos el pancito a la plancha.
Como dije entonces, se puede hacer manjar con poco, lo importante es solo hacerlo con amor para el comensal. El resultado de éxito está garantizado.
La tarde estaba soleada y con un diáfano fulgor, en lo personal me sentía bien y con energías como para seguir otro rato activo. Claro que mirando y analizando lo que comí y tomé; eso no era lo que se dice una virtud.
Beto se preocupaba por mi constantemente, preguntando cada rato como estaba, si me sentía bien, etc. En un momento me consultó que haría a la tarde y la respuesta le sorprendió mucho. ¡Voy a subir al faro para sacar algunas fotos! ¿Noooooo en serio? ¿Estás seguro de eso? ¿No te va ha hacer mal? ¡NO, vos quédate tranquilo, no hay dramas! Ah bueno entonces yo voy contigo por si las moscas.
Y así hicimos, le pusimos las pilas y ambos, juntos, encaramos para lo alto del faro. Estábamos en el entrepiso del mismo cuando una voz nos llegó desde abajo, era Mauro LU5ET, que subía a nuestro encuentro. Por lo que en breve fuimos tres los que trepábamos por la caracólica escalera.
Llegamos al o alto y aún el sol brillaba, pero desde el este se veían algunos nubarrones, que se apoyaban en otros que amagaban desde el sur. Sacamos decenas de imágenes y charlamos un rato. El viento soplaba fuerte, pero menos que en el día de ayer, por lo que molestaba muchísimo menos al momento de mirar, ver y fotografiar.
Me tomé como siempre el tiempo para retratar los detalles del faro, porque es mi pasión, así mismo los hermosos lugares que desde lo alto se veían, de la feliz. En eso estaba cuando por encontrar un cuadro diferente, caí en cuenta que a lo bajo, en las cercanías del Faro Sonoro, había un cónclave semi secreto. Los amigos del Lu2DT se estaban reuniendo al amparo de esa bocina y trataban algo que parecía muy preocupante. Inquirí desde lo alto si pasaba algo, a lo que David me respondió ¡Vos, vos fuma!! Ergo que semejante respuesta no daba para la contra pregunta, así que me quedé intrigado de que es lo que pasaba.
Charlando animadamente son Mauro, Beto cada tanto hacía un alto para tomar fotos, en uno de ellos, le toqué subrepticiamente la espalda y seguí caminando en torno de la casilla de luz. Solo bastaron un par de minutos para que mi amigo se acercara y con tono confidente me interrogara. ¿Qué pasa Hetitor? No di rodeos para llegar al tema, y le espeté. ¿Viste la reunión allá abajo en las sombras? ¡Parece que hay bronca!
No, no vi nada, fue la escuálida respuesta de Beto que ahora, curioso, se asomaba peligrosamente por la barandilla tratando de hacer foco en el contubernio.
Mmmmm, si parece que hay bronca. ¿Qué será?
Así estuvimos unos minutos más en lo alto del faro y luego emprendimos el descenso. Cuando llegamos abajo ya el grupo de la componenda no estaba y solo se veía a David que fumando como una locomotora deambulaba enfermo por el parque. Me acerqué como dudando y le interrogué sobre que sucedía, me respondió, ¡Nada, solo que me toman de bobi y no me gusta para nada! ¿Pero qué es lo que pasa? Es que parece que uno está pintado, que uno es idiota y no sé qué más. Viste el auto que entró recién? No, no vi nada ¿por qué? Porque el vivo que vino se cree que nosotros estamos jugando, que somos de arena por estar en el mar. Resulta que se bajó del auto con un par de botellas de licor, mucha risa, mucha joda y se puso a pasear por todos lados. Yo le llamé y le pregunté qué estaba haciendo. El me miró y me dijo ya lo ves, estoy en la expedición, les traje algo a los muchachos. Así podemos pasar bien la noche.
Yo le dije. Mira flaco, vos te vas a tener que marchar del faro ahora, porque resulta que no estás en ninguna de las listas oficiales, ni en la de la Armada ni en la del seguro. Y si eso trasciende a la guardia, estamos al horno. Respeta a la gente, a la institución y a tus compañeros. ¡Pero ándate! Y vos podes creer que el muy caradura me dijo ¿y vos quién sos? Yo soy el que organizó todo, el que hizo los papeles, el que invitó a la gente y el que dio la cara ante las autoridades. ¿Es suficiente? No, para mí no me dijo y siguió husmeando por ahí. Así que llamé a reunión urgente para que tomaran cartas en el asunto el resto de los miembros de CD y ahora espero que se me pase, cuando él se tome el buque.
En un minuto pensé muchas cosas, ¿Qué le digo?, ¿Qué le respondo?, estaba bien el argumento de David, pero además era el cumplimiento irrestricto de la ley y con eso no se chacotea. Así que solo atiné a agregar, y bueno… piolas hay siempre, la cosa es que uno se apiole antes. ¿Se fue ya? No, está en eso, pero se va. O se va el o me voy yo…
Como diría Tato Bores, la cosa no estaba para bollos así que me dispuse a hacerme olímpicamente el súper gil y con cara de operador atareado ingresé al faro. Como las habitaciones o salas estaban en torno al centro del mismo, no alcancé a ver al susodicho amigo salir de patitas rápidas, yo ingresé por la derecha a él lo corrieron por la izquierda. Llegué a la sala de 40/80 y con un susurro les hice saber a mis amigos que estaba pasando, lo que por supuesto tuvo la aprobación grupal. Una cosa es una cosa, otra es otra. Que joder!
Con ganas de hablar un poco y tratando de disimular la bronca de no haber hecho más faros para mi recuento personal, arremetí con el micrófono que tenía Roberto en sus manos, para saludar a un par de amigos y de paso, establecer el QSO con ese faro. Cuando quise acordar ni Beto ny Roberto estaban en la sala, por lo que de pronto, me vi llamando a general. Enseguida se formo un pile up. De varios colegas que querían la confirmación del faro y otros que me conocieron la voz y solo querían felicitar al grupo por la tarea. Minutos después ingresó Mauro restregándose las manos y con muchas ganas de hablar también. Che! Me dijo confidente. Hacemos algunos QSO y luego a cenar, ya están con todo adelantado. En hora, hora y media le damos. Ok, fue mi respuesta, seguí nomás ya regreso.
Salí disparado a la sala de digitales donde Roberto LU5EW trataba de enganchar a alguien para contactar, mientras Gabriel le explicaba cómo se había malogrado uno de los equipos y el lineal. Se deducía que no habría espacio para la charla, así que me dispuse a revisar mis petates, tomar los remedios y ver qué más. En eso me encontraba cuando David entró a la pieza para ver si estaba bien, le respondí que si a lo que agregó que era mejor que descansara un rato, porque la noche sería larga. Luego de la cena vendría otra madrugada de digitales.
Le pregunté si me permitía echar un rato se siesta como para componer el cuerpo y me dijo que sí. Pero no te duermas porque en un rato está la cena. ¡Escúchame cabeza! ¿Cómo voy a dormir si no me duermo? No, me refiero a que no te dejes estar porque ya en el quincho las cosas arden. A eso me refiero, dormite un rato y estate atento, porque cuando suene la alarma, cada uno agarra su hueso.
Aún sin comprender como voy a dormir y estar atento a la vez, dije que sí y me tiré de espalda sobre la cama y caí en un profundo sueño. No se en ciencia cierta cuanto tiempo duró el mismo, pero me desperté en medio de una tormenta que daba escalofríos. Mis camaradas gritaban de un lado y de otro, que se desconectaran todos los equipos, que se desenchufaran de la red, que no toquen las paredes y que se yo cuantas cosas más. Dije entre mí, Un zafarrancho y yo durmiendo!
Como pude me deshice de la bolsa de dormir y con una linterna en mano, encaré para la puerta esperando al menos ver la invasión extraterrestre en primer plano. Fuera, el cielo se dejaba ver blanco, negro, gris, azul, iluminado por los inmensos rayos que cruzaban por doquier. Los truenos golpeaban muy fuerte y la estructura del faro, de material ella, crujía como nunca me hubiera imaginado. Patapúfete!!! Pensé, es el fin del mundo!
La tormenta que habíamos visto desde lo alto del faro, se tomo su tiempo pero al fin había llegado y como! Beto entraba corriendo con una campera tapándose la cabeza y me explicó que había puesto al Clio a resguardo, porque si no nos tendríamos que volver a pata GLUP!
Al rato Roberto azorado llegada desde el quincho con un olor a humo que le delataba. ¡Viejito! Se armó la gorda se armó! Viste la tormenta. Me voy a lo alto del faro a sacar fotos, se vemos! Tras lo cual desapareció con su cámara por la escalera, empinada y angosta del Faro Punta Mogotes.
Durante un par de horas fue imposible conectar nada y menos, en caso de haberlo hecho, escuchar a nadie. Los estáticos eran tremendos y cada varios minutos se nos erizaban los cabellos por los campos magnéticos que generaban las nubes y los rayos que caían en las cercanías. En eso apareció Koko que sugirió dejar todo y tomarse unos vinos con los amigos, por lo que me invitó a seguirle al quincho. Lugar de reunión en esa lluviosa noche marplatense. Allá fuimos sin más.
Al llegar al quincho la lluvia había amainado pero las descargas eléctricas no. Pese a todo, me llamó la atención que un grupo de amigos estaban sentados casi a la intemperie con bebidas frescas en las manos. Buenas y santas dije, a lo que respondieron, buenas las pelo…!
Entrar al quincho era lo mismo que hacerlos en los garitos de gánster de los años 30 en New York. El humo llegaba a la cintura y por más que uno quería guardar compostura, los ojos lagrimeaban. Es que es tanta la humedad y como no hay viento, el maricón tiraje (uso el amigo otro epíteto) no tira, ¿viste? Ah, sí claro, dije sin perder detalle de la parrilla.
Me acerque a Beto y le pregunté si es noche había invitados, porque la cantidad de carne en cocción era tal que se necesitaban un par de aviones aeroaplicadores para rociarle la salmuera. ¡No se! Fue su único comentario. Por el humo no vi la parrilla jajajaja.
Me procuré algo fresco y me senté a la mesa en donde todos dialogaban distendidamente sin apresuramientos. La noche ya era dueña y señora.
Hablamos de todo, criticamos a algunos, discutimos otras pavadas y como si fuera podo, soñamos con cosas a futuro. Mucho después llegaron los chorizos, las morcillas el vacío y un costillar como nunca antes había probado. Así pasamos un par de horas en camaradería y degustación de buenas carnes argentinas.
La madrugada llamaba a silencio cuando el café llegó a la mesa. Para entonces varios amigos habían desaparecido y otros estaban en el interior del faro, tratando de re conectar todo. Allá fue David a ver que sucedía mientras me encargaba le sirviera un buen vaso de eso… lo que yo tomaba. Ya regreso, ponle algunos pequeños cubos de Ice y vamos con los faroles.
Me imaginé que en realidad lo que pretendía era un buen vaso de Whisky como para atemperar la noche, que se veía sería negra, fría, solitaria y ruidosa. Así que eso preparé para cuando volviera; cosa que aconteció a los pocos minutos.
El orden del día es, sentenció solemne. Ahora dejé a los chicos que hagan algo de radio, Beto y Roberto están empecinados con 40/80 y en otras bandas no anda nadie. Así que Mauro está en 20 en digitales y Juan le acompaña. Nosotros nos tomamos algo fresco, vemos pasar la tormenta y luego nos hacemos cargo de las operaciones nocturnas.
Ok, dije sin miramientos, la noche prometía.
Luego de un par de horas más de charlas trascendentes, rumbeamos para la estación de digitales de la que me hice cargo otra vez, muy entrada la madrugada.
Entre tanto, David escuchaba en varias bandas a ver qué pasaba, la respuesta era; nada. Nada de nada, porque no se podía escuchar a nadie por causa de los estáticos.
Juntó voluntades el David y se pusieron a reparar el lineal, el equipo y el trans match que estaña fuera de uso. Mientras yo iniciaba los llamados. Cuando el ruido lo permitía, escuchaba en la sala contigua hablar a los técnicos de esto u lo otro, pero no oía el equipo transmitir. Al rato que puede haber sido más de una hora, ingresó otra vez David con un helado vaso de brebaje alcohólico y dijo mal humorado. Kapput el otro equipo, lo parió! Se quemó el otro 757, estamos para la merd.  Yo mientras tanto seguía apilando QSO en 10, 15 y 20 metros.
Dormido como un tronco y con cara de haber escuchado que “renunció la presidenta” se apareció Roberto en la sala de bandas altas. Como yo estaba ensimismado con los digitales no le escuché ingresar. Al ver que no le daba atención, me tocó levemente el hombro y con voz de trueno me hizo un pedido muy particular.
Viejito!! Yo estaba durmiendo y me pareció escuchar que otro equipo se había quemado. ¿Es cierto?, Si le dije el último 757 porque?
Ah! Mira, te pido un favor. Yo no voy a sacar el equipo y llevarlo bajo la cama para que no lo toquen, pero por favor, por lo que más quieras, por tu vieja, no me vas a dejar que nadie toque mi equipo, para otra cosa que no sea salir en 40 u 80. Las antenas del otro cuarto parece que están mal y los equipos se están cayendo uno tras otro. Si alguien me quema el equipo, de este faro… dejo un velador. ¿Está claro?
Si, claro, claro, está re claro. Fue lo único que atiné a decir. Qué más podía agregar con ese argumento.
La noche siguió su rumbo, Roberto se abalanzó nuevamente a los brazos de Morfeo, junto a Beto que hacía lo propio desde muy temprano.
Me quedé solo otra vez mientras trataba insistentemente de encontrar a otros amigos que quisieran el contacto con nuestro faro en digitales. El silencio fue invadiendo las periferias y cuando me quise acordar, era el único despierto y haciendo radio. El llamado fisiológico me alertó y con un poco de abrigo por las dudas, rumbee para el parque. Al salir el tiempo estaba feo y las nubes corrían desde el sur y aún dejaban estelas de agua a su paso.
Dejé las aguas fuera y con algo de modorra me volví al interior del faro a ver que seguía. La cosa no era para nada halagüeña, en virtud de que nadie estaba en radio por ese entonces, por lo que decidí descansar un rato hasta la mañana.
No sé a ciencia cierta cuanto había dormido, ya que al acostarme estaba clareando; pero me despertó Roberto que sigiloso me llamó en mi pieza. ¡Che… viejito! Levántate  que nos vamos, el Beto debe volver! Dicho esto y con asombro me puse de pie y salía a la hermosa mañana que me esperaba. El reloj daba pasadas las 08:10 hs. y la tropa aún no se había dado por enterada de la diana adelantada.
Beto me dejó saber que le habían avisado de Alta Gracia que sus compañeros no se plegaban al paro docente por lo que debería si o si, estar en la escuela mañana a las 06:00 Hs. so perna de fusilamiento. No había mucho para preguntar o cuestionar, así que me dispuse a desarmar todos nuestros equipos.
En cuestión de media hora todos los elementos que habíamos aportado a la expedición, estaban embalados y listos para ser cargados. Cosa que era mi responsabilidad o no podríamos volvernos. El Clío no permitía errores en ese tema. Todo tendría un lugar para ocupar y no otro.
Mientras yo me enfrascaba en la tarea de subir las cosas al auto, Roberto y Beto se dieron una lavada y mudaron sus ropas, como para iniciar el viaje limpitos y contentos. David apareció con un mate en las manos y solo dijo, buen día!!!! ¿Durmieron? El resto estaba duro como una estatua en sus confortables bolsas de dormir.
Le expliqué a nuestro amigo cual era la razón de adelantar el viaje y él a toda costa, quería que usáramos la reserva de hotel que teníamos para que nos diésemos un baño y saliéramos frescos, cosa que rechazamos por una simple razón. Eso nos demoraría al menos dos horas y necesitábamos de ese tiempo para poder estar en hora mañana.
Cuando todo estaba listo y los chicos volvieron con sus bolsos, hice yo lo propio y me dediqué a las tareas de limpieza. Un poco de jabón, algo de desodorante y unas gotas de perfume, harían el resto a la hora de viajar cómodos y limpios.
Cuando volví de los sanitarios, al lado del auto había un cónclave en el que se discernían los últimos detalles. Pero faltaba algo, la foto de grupo. Esa no la pudimos hacer porque el tiempo no ayudó y el olvido hizo de lo suyo. Nos volveríamos del faro sin tener una postal con todos. Pero nos dimos el gusto de retratarnos con David, como integrante del grupo, aunque faltaba Mauro que aún no llegaba. Esperamos unos minutos entre mate y mate, pero se hizo la hora de partir y nos despedimos.
David aunque lo pretendía disimular tenía sus ojos vidriosos y cada tanto se pasaba desapercibidamente la manos como enjugando lágrimas, nosotros también estábamos emocionados porque la experiencia ameritaba muchas charlas y grandes recuerdos. Pero… nos tuvimos que ir. Cosa que ocurrió a las 10:10 hs. del domingo 24 de febrero.
No habíamos terminado de abandonar la zona del faro, cuando Roberto pidió la palabra y manifestó la necesidad de que nos detengamos en el puerto nuevamente para comprar algo, que el viernes había visto. Siguiendo la ruta ya conocida llegamos a la banquina de los pescadores y nuestro amigo, como una flecha, salió expelido para uno de los negocios. Al rato y sonriente, volvía con una gran bolsa de suvenires, que traía consigo para regalar a su familia. Obvio que por las dudas, nos trajo a nosotros algo por si queríamos quedar bien. Me quedé con una bolsa llena de conchas de caracoles marinos, para mi futura pecera.
Volvimos a ponernos en marcha y salimos acortando camino, evitando la zona centro de la ciudad. Cuando eran las 11:15 hs. habíamos dejado atrás el cartel de bienvenida y por la RN 226, viajábamos raudamente rumbo a Córdoba.
Los primeros minutos del viaje, como suele suceder, los dedicamos a la meditación, a los buenos recuerdos y quizá a las lágrimas. Ninguno de los tres nos miramos para saber si llorábamos o no. Solo viajamos en silencio. Recién habiendo ya transcurrido más de 30 minutos, Roberto rompió el hielo y consultó a cada unos de nosotros que opinión teníamos de la experiencia. Allí nos pusimos a cuenta de lo mucho que disfrutamos, las cosas que vivimos y de todo lo que significó para nuestras vidas; esta nueva experiencia de haber participado en una nueva Expedición del Grupo ECO RADIO.
El viaje fue como lo planteamos, tan placentero como la ida a mardel. Paramos a cargar combustible, comimos algo, tomamos mate y dormitamos un rato cuando la charla se cortaba. Pero lo importante era que estábamos felices y contentos porque habíamos cumplido con nuestro grupo y con los hermanos que nos invitaron.
El sol golpeaba fuerte en todos lados, mientras siguiendo la pauta de viajar seguros, Beto imprimía al Clío una marcha regular a unos 115 Km/h. Para que más, los kilómetros corrían y se avanzaba sin dramas.
Luego de cambiar un par de veces de butacas y de reparar una manguera que se reventó, estábamos ya en las postrimerías de la tarde y muy cerca de nuestra provincia. Todo marchaba viento en popa.
Aún Febo estaba en su etapa de desaparición cuando fue de nuevo Roberto, quién sacó el tema a la palestra. ¡Che! Dijo feliz tenemos que armar otra salida como ésta a un faro, pero esta vez con los muchachos. Con todo el equipo a ver qué sucede. Solo bastó esto para dar inicio a un sueño y una charla que duró hasta Marcos Juárez.
Intercambiamos pareceres, dimos opiniones, preparamos equipos, listamos antenas, hicimos una nómina tentativa de integrantes y, nos dimos el lujo de soñar en otro gran éxito de nuestro Eco Radio.
A las 22:00 Hs. nos detuvimos, previa recarga de combustible en la puerta de la casa de Roberto, quién presuroso descargó sus cosas y sirvió gaseosa con sándwiches de miga, a manera de tentempié. Hicimos números, pagamos las cuentas y luego de un fortísimo abrazo y risas que pretendían esconder las lágrimas; cuando eran las 23:00 hs. Beto y yo partimos rumbo a La Falda. Solo quedaban poco más de 350 km. para terminar el viaje.
Dado que estaba algo agotado y sabiendo que no tenía problemas con ello, mi amigo me solicitó que manejara mientras él dormía un par de horas. Cosa que acepté gustoso y feliz. Al fin me pondría en otra posición distinta a la de la butaca en la que había pasado las últimas seis horas.
Mientras viajaba raudamente por la autopista, se me ocurrió una idea que esperaba poder compartir con Beto al momento que despertara, pero no tenía pensado que fuera en dos horas.
Al llegar a Pilar, en dónde pagué el último peaje, mi amigo se despertó con la pregunta consabida ¿Por dónde vamos? Luego de darles las explicaciones del caso, le dije también que tenía en mente, cosa que le puso contento y feliz. Podría cumplir con su trabajo sin contratiempos.
Dado que ir hasta casa para llevarme insumiría al menos otras dos horas; y en virtud de que regresar a su casa serían otras tantas, le sugería que me dejase en la Terminal de Córdoba. A él le quedarían solo treinta y cinco kilómetros para llegar a su casa en Alta Gracia y yo, como no tenía apuro, me tomaría el ómnibus para hacer el trayecto Córdoba – La Falda. Si todo salía a pedir de boca, antes de las 02:30 hs. él estaría en su casa y yo próximo a la mía.
Solo media hora después estaba estacionado yo en la puerta de la terminal y bajando algunos de mis petates. El resto me los alcanzaría Beto en unos días. Nos abrazamos, deseamos bendiciones y cada uno salió por su lado.
No había terminado de pisar los andenes de la nueva Terminal del Bicentenario; cuando un ómnibus abandonó su plataforma y tomó camino a la salida. El cartel decía Cruz del Eje, y me venía de diez a la hora de viajar. Le hice señas y en medio de la salida se detuvo. Jefe, me dijo el solícito chofer, voy a Cruz del Eje, pero expreso, le sirve? ¿Si, si me dejas bajar en La Falda, claro? Eh! Claro que sí, pero en cualquier lado que no se a la terminal, para no tener dramas.
Así y con mucho delante de horas, llegue a casa a las 02:30 del lunes. Había concretado un mar de anhelos, la había pasado bien, disfruté de la radio, de los amigos, del lugar y del viaje. ¿Qué más podía pedir?
Luego de la consabida charla con mi madre y el saludo a mis perritas, di por concluida la expedición al Faro Punta Mogotes ARG 005. Mucho más que una experiencia.











Y